Desde que tenemos uso de razón, hemos oído decir que el Cociente intelectual (IQ) es un buen
indicador para saber si una persona será exitosa en la vida. La puntuación del test de
inteligencia, decían, podría establecer una relación fuerte con el desempeño académico y el
éxito profesional.
Desde niños vemos cuestionada nuestra valía por simples números, cuyo único propósito
parece radicar en etiquetarnos, tú eres listo porque sacas un nueve en un examen de una
materia y tendrás
éxito en la vida y el que saca un tres no lo tendrá…
En la empresa hoy día, y ya desde hace unas décadas los investigadores y las corporaciones
empezaron a detectar que las capacidades y habilidades necesarias para tener éxito en la vida
eran otras, y éstas no eran evaluables mediante ningún test de inteligencia y/o un examen.
Es necesario tener en cuenta una concepción más amplia de lo que son las habilidades
cognitivas básicas, aquello que entendemos que es la inteligencia.
En esta dirección, comenzaron a ganar terreno algunas teorías de la inteligencia que
intentaban comprenderla desde ópticas diferentes, como la Teoría de las Inteligencias
Múltiples de Howard Gardner, la teoría de Raymond Cattell que explicaba las diferencias entre
Inteligencia fluida y cristalizada, o la Inteligencia Emocional que popularizó Daniel Goleman.
Precisamente esta última es fundamental en turismo; un sector donde prima la intangibilidad,
donde al viajar pones tus deseos y expectativas en manos de otras personas, en un entorno
distinto de tu lugar de residencia; lo mínimo sería que si sabemos que un viaje acaba siendo
toda una experiencia, y para mí, experiencia y emoción deben ir de la mano, razón de más
para ver la importancia de la inteligencia emocional en nuestro sector.
Parándonos a pensar… ¿Hasta qué punto somos conscientes de que el ser humano diseña sus
experiencias vitales a través de una sucesión de emociones protagonizadas ante cada
situación?
La intensidad y la forma en la que esas emociones sean sentidas y percibidas determinarán su
naturaleza.
Así, la psicología juega un papel crucial en el sector turístico, ya que efectuando un adecuado
uso de la misma, todo el tejido empresarial de cada destino puede obtener grandes beneficios
traducidos en maximización de beneficios, prestigio, singularidad y una clara diferenciación
con respecto a una competencia que cada vez es más intensa.
En este sentido, desde Easyjet se lanzó este año una campaña publicitaria acerca de las
experiencias con la que a través de las emociones quieren dejar que fluya la imaginación de los
viajeros, llegarles por el lado de las emociones, hacerles soñar incluso con su próximo destino
de viaje simplemente empleando las tecnologías multimedia puestas a disposición de las
emociones y finalizando el video con la siguiente frase: “Imagine donde podemos llevarle”.
Imaginemos, soñemos… soñar, imaginar, sentir… son gratis. Viajar no lo es, pero sí de verdad
se lleva al terreno de la emoción merecerá la pena, si vemos como se premia a la emoción,
como en turismo se dejan de valorar solo conocimientos y se valora la inteligencia emocional
de los profesionales del sector, ¿no estarán los viajeros más conectados con su destino de
viaje, su hotel, su medio de transporte?
Luego una vez lleguen de vuelta a casa recordarán toda su vida la experiencia precisamente
por las emociones que vivieron en ella, de lo contrario quedará en un recóndito y perdido
rincón de su cerebro o en el cajón desastre de las experiencias de viajes.
Un post de Nuria Álvarez.

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