Upgrade, hobby, backstage, hippie, parking, scanner, e-mail, trust, fútbol, click…Todos conocemos y utilizamos alegremente palabras provenientes de la cultura anglosajona. El inglés, aupado por la potencia económica de los norteamericanos, se ha convertido en la lengua del progreso y la globalización. Es especialmente influyente en sectores económicos, como es obvio, pero abrimos los brazos para recibir sus conocimientos en cualquier campo y, a pesar de saber con anterioridad lo que algo es, parece que hasta que ellos no le dan nombre no existe. Es así que encontramos situaciones en que tal cosa y tal concepto surgieron en los Estados Unidos en tal década.
Lo cierto es que este “post”, he aquí otra más, trata sobre un concepto más que los norteamericanos han tenido la bondad de compartir. Hablamos del “employer branding” o marca empleadora. Haremos como que el primer párrafo nunca ha existido y digamos que el concepto surgió en Estados Unidos en los años 60 a partir de un estudio llevado a cabo en un hospital cuyos resultados, los del estudio, demostraban que la fama del centro tenía una relación directa con la retención del mejor personal sanitario. En los años 80 cobraría más importancia. En castellano estaríamos hablando de marca empleadora, es decir, la marca de una empresa como empleadora.
Creo que todo el mundo estará de acuerdo si escribimos que cuidar de la imagen de la empresa con sus trabajadores es tan importante como cuidar de su imagen global. ¿Si escuchamos a un amigo que está contento con su puesto de trabajo, no crece la consideración hacia esa empresa en la que trabaja? Es la fama y el prestigio. ¿Si otro amigo nos dice que sus superiores le tratan como una basurilla, qué opinamos? Es verdad que en un país con el paro muy alto no se puede andar uno fijando en eso. Pero en un país o una zona con un paro bajo en que un trabajador tenga variadas oportunidades el trabajador seguramente se lo piense dos veces antes de decantarse por una determinada empresa. Hoy en día es muy fácil informarse sobre una empresa gracias a internet y las nuevas tecnologías. Con unas cuantas búsquedas y buceando en las redes sociales conseguiríamos toda la información que necesitamos para barajar una oportunidad de trabajo.
Para entender todo esto mejor creo que es bueno hacer un ejercicio de empatía. Primero nos podemos identificar con alguien que busca trabajo y luego con un empresario. El candidato preferirá un buen ambiente de trabajo, no hay duda. Y al empresario le conviene que sus trabajadores estén contentos para que la empresa vaya mejor. Diría más, una persona renunciaría a muchas cosas por un buen ambiente de trabajo. ¿Por qué? Pues porque los humanos, de momento, somos eso, un manojo de sentimientos. No somos máquinas, necesitamos la comprensión, la seguridad, el amor, el afecto, etcétera. Pongo un ejemplo personal porque creo que ilustra a las mil maravillas lo que quiero decir.
Un día empecé a trabajar en una academia dando clases. El sueldo no era gran cosa pero la jefa me invitaba a los cafés, a comer, me escuchaba y me repetía que si necesitaba algo lo dijese. Además, me llevaba estupendamente con los otros profesores y juntos tratábamos de hacer proyectos nuevos como exposiciones en la academia, charlas, cafés de idiomas y demás. Pues eso, mi jefa, sin si quiera saber lo que el “employer branding” significaba, lo estaba haciendo.
¿Qué estaba haciendo ella? Ella cuidaba y reconocía las fortalezas y debilidades de sus trabajadores. Ella apostaba por el talento y la innovación. Ella involucraba a toda la empresa en las actividades y proyectos. Cuando nos mudamos de local logró que todos los profesores colaborásemos en el transporte de los muebles y los libros. Además, teníamos reuniones periódicas y cuidábamos de las redes sociales. Fue, para finalizar, una experiencia que nunca olvidaré.
Un post de Andrés Varela.
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